Cosas bonitas

Con las prisas, el camino siempre parece más largo. Pepe

9 de junio de 2013

Amo amor



 
Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡le tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de mar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras.
Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir!


Gabriela Mistral

5 de junio de 2013

Chau número tres

 
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

Mario Benedetti




 
Tanto es mi amor, por todos mis amores,
que en el jardín de la existencia mía
a verlas marchitarse día a día
preferí siempre deshojar sus flores.

Cuanto más encendidos sus colores
mueran en su triunfante lozanía,
más triste que la muerte es la agonía
de un amor entre dudas y temores.

Triste fin de un amor, cuando engañoso
quiere fingir que a su pesar nos deja,
y más ofende, cuanto más piadoso.

¿Y qué logrará la importuna queja
del ofendido corazón celoso?
¡Quién retiene al amor… cuando se aleja!
 
Jacinto Benavente

2 de junio de 2013

No sé decir



Se extinguen los colores del ocaso,
se adormece la brisa, muere el día,
nace la noche, con su sinfonía
de sentidos al rojo. Me transvaso

desde mi lecho al tuyo. Paso a paso
sigo la ruta de tu anatomía;
me acompañas; oh, erótica agonía,
en que me abrasas tú, en que te abraso.

Encendidas las sábanas, extienden
sus pliegues a un rincón, luego descienden,
catarata en satén que se derrama.

Aunque presente estoy, yo mismo, a veces,
no sé decir si son dos desnudeces
o una sola agitándose en la cama.

 
Francisco Álvarez Hidalgo





Te envuelves en torbellino
 entre tu nombre a mi piel,
 como la mesa al mantel
 como la copa y el vino.
 
Como recorrer camino
 sin saber dónde y por qué,
 si es sueño mentira o fe
 embajadora del mimo.
 
Risueña sin entrecejo
 con tu nombre de colores,
 te escondes entre las flores
 entre espuma… entre espejo.
 
Donde tu nombre ya es viejo
 como la noche o mañana,
 como el canto de una nana
 o réquiem tocando a muerto.
 
Tu nombre que como el viento
 entra por cualquier ventana,
 saludando a la mañana
 entre encajes como atuendo.
 
Marina Pastor

21 de mayo de 2013

Cuando seamos viejos



Para salvar las noches en que estas enfadada,
y con estos diez años que te llevo de ventaja,
voy a obligarte niña a mirarme a la cara,
y hasta que te lo diga, que no me des la espalda.

Cuando seamos viejos vas a llorar con rabia
de verte en el espejo la cara tan cambiada,
se llenaran de arrugas tus risas de muchacha.

Será mas insegura esa voz que hoy te manda.
Cuando seamos viejos no habrá tanta distancia,
sentirás menos miedo sabiéndome en tu cama.
Ya, ni discutiremos ni servirá de nada
te reñiré bajito lo que antes te chillaba.

Cuando seamos viejos, estarás mas cansada,
seremos compañeros, nos haremos mas falta,
cuando no estés conmigo te notaras muy rara,
y me encontraré perdido si un día nos separan

Cuando seamos viejos, veremos con nostalgia
sentados desde un banco, como la vida pasa,
yo hablando con alguno que no me entiende nada,
tu inventándote prisas para volver a casa.
Para salvar las noches que entonces serán largas,
y cuando estos mis diez años se vuelvan desventaja,
porque me falten fuerzas o a ti te falte gracia,
entonces niña vieja podrás darme la espalda.

Alberto Bourbon

12 de mayo de 2013

Elegía por Ramón Sijé

 
Para mi amiga Merche.
 
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
 
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
 
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
 
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
 
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
 
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
 
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
 
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
 
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
 
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
 
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
 
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
 
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
 
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
 
Miguel Hernández

7 de mayo de 2013

¡Adiós!

Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!

Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!

¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!

¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! ...

Alfonsina Storni

28 de abril de 2013

Siempre te recordaré


 

Me siento a escribir lo  primero que me venga en mente
y en lo primero que pienso es en tu recuerdo.
Tú linda, cara tus ojos alegres y tu sonrisa
 llenaron mi vida de felicidad.

Fuiste como un bello amanecer, 
una tierna ilusión, 
un fugaz sueño de amor.

Que poco tiempo tuve para mirar tus ojos, 
pero lo suficiente para
alojarlos en mi mente y en mi corazón.

Y es que conocerte a ti y no quererte
 es como mirar el sol y vivir en la oscuridad.

Sabes...es difícil comprender
 que no era el momento
o que no eras para mi, 
pero me consuela
 los maravillosos instantes que el
 tiempo me permitió a tu lado 
y le doy gracias a Dios por conocerte
y a la vida por darme la oportunidad de amar.

Perdona si he querido llenar de ti, 
el vacío de mi corazón.
Pero desde que te conocí,tú has vuelto

a encender la llama que había
estado apagada por mucho tiempo.

Hoy  quisiera fundir mi alma con la tuya, 
convertirnos en uno solo
y aunque no estés a mi lado nunca más
 y a pesar de todo el dolor que siento
 y de que  nunca me quisiste......

Siempre te recordaré como mi más bella ilusión.

Ánonimo

8 de abril de 2013

Despertar sin tí




Antes del alba ni los perros ladran,
ni serpentea el tráfico, y la luna,
obstinada noctámbula, dormita
en la callada claridad difusa.
Son horas de silencios subterráneos,
y de inmovilidad de sepultura,
a la espalda del sueño, reclinado
sobre la intimidad de la penumbra.
Y yo salgo de mí, mas no te encuentro,
tan sola en esta habitación oscura,
tan frío el otro lado de mi lecho,
tan lejos de tu cuerpo, tan desnuda...
Y consiento a mis manos
seguir sobre mi piel la misma ruta,
ingenua y atrevida,
que siguieron las tuyas.
Qué soledad de amaneceres tristes,
viajera sin tí en la noche en fuga,
sólo con la caricia imaginada
que en mis trémulos dedos se refugia.
Me asalta tu presencia ineludible
y en abrazo incorpóreo me arrulla,
se me arquea la espalda,
y me siento flotar como la espuma.
Oh, mi mar, mi marea inagotable,
llévame una vez más. Tanta renuncia
me tritura los huesos del recuerdo,
y todo en mí sin fuerza se derrumba.
Cómo se acerca el alba, y tú no vienes,
continuidad de deserción nocturna,
siguiendo las semanas a los días,
luego meses tal vez, y quizá nunca;
con sed de tí, con hambre que desgarra,
con desesperación y con angustia...
Negra es la noche de tu ausencia, negra,
y el despertar sin ti, qué desventura...

Francisco Álvarez Hidalgo